sábado, 16 de octubre de 2010

Mi nombre es número cincuenta y seis

Hoy me he puesto tus zapatos planos y me he marchado por el parque hasta la estación de tren pero no han pasado más trenes de viajeros, no habrá más viajes... He continuado mi marcha sin ese aroma a menta que respirabas por la larga avenida de los álamos blancos, desnudos de hojas blancas, y me he acercado al colegio para recoger a las niñas, Jazmín y Carmen, pero no me han reconocido. Tanto he cambiado que no me ha saludado su profesora de danza cuando he cruzado la calle camino de la carnicería. Allí tampoco estaba nadie para muchas alegrías, y tras un largo silencio, me he salido sin comprar nada. Ya comeré otro día tu plato preferido. Quizás me falte más carmín para tapar el labio ensangrentado por el penúltimo puñetazo pero no me dió tiempo de ir a la perfumería. Aunque lo que más tuvo que doler debió ser la barra de hierro sobre tus costillas justo antes de que te golpeara en tus sienes, sobre tu melena rubia y ondulada como las olas que morían dulcemente en aquella playa dorada de tus favoritas vacaciones. 
Qué triste está la sala mortuoria del Instituo de Medicina Legal y qué pocas rosas han cortado para este funeral. Sólo son cincuenta y seis rosas...

domingo, 3 de octubre de 2010

Aficionados todos al fútbol

A pesar de los nutricionistas, los churros, al igual que el pollo asado, forman parte inseparable de la dieta mediterránea que respetamos todos los domingos. No hay nada mejor que despertarse, ataviarse con el chandal rebajado de una gran superficie comercial, comprar el periódico que lee todo el país, y encontrarse en la cola de la churrería con los amigos de siempre, con los viejos amigos de la escuela, con los amigos del bloque vecino, con los amigos del fútbol... Y es que llevan razón: con la que está cayendo sólo nos queda sentido común, y si hay que apostar por alguien que sea de la cantera. -Ya está bien de fichar estrellas desconocidas que se encumbran por vestir una camiseta de un gran club, pero que en su vida han ganado algo que mejore el curriculum deportivo del equipo del barrio. No son ídolos de nadie, son gladiadores fichados por marcas deportivas que no tienen colores en su corazón.-
Me gusta esa frase que dijo mi amigo del bloque vecino: no tienen colores en su corazón... A la hora de jugar hay que demostrar que uno no sólo sabe jugar al fútbol, tocar la pelota, sino también que quiere sudar la camiseta. Y eso pasa como en todo, como en la vida, en la familia, en el trabajo, como en el deporte. Tenemos que marcarnos nuestras propias metas, y trabajar para que nuestro triunfo personal sea reconocido, pero a la hora de la verdad, y cuando el resultado del partido no es el que pusimos en la quiniela, hay que dejar de chupar el balón y sudar la camiseta hasta el final. No nos conformemos con que los ojeadores nos valoren como un fichaje para el próximo verano, hay que bajar y defender, y si no queda más remedio cubrir uno de los palos de la portería...
Acabo de dar la vez, ya no soy el último...