A pesar de los nutricionistas, los churros, al igual que el pollo asado, forman parte inseparable de la dieta mediterránea que respetamos todos los domingos. No hay nada mejor que despertarse, ataviarse con el chandal rebajado de una gran superficie comercial, comprar el periódico que lee todo el país, y encontrarse en la cola de la churrería con los amigos de siempre, con los viejos amigos de la escuela, con los amigos del bloque vecino, con los amigos del fútbol... Y es que llevan razón: con la que está cayendo sólo nos queda sentido común, y si hay que apostar por alguien que sea de la cantera. -Ya está bien de fichar estrellas desconocidas que se encumbran por vestir una camiseta de un gran club, pero que en su vida han ganado algo que mejore el curriculum deportivo del equipo del barrio. No son ídolos de nadie, son gladiadores fichados por marcas deportivas que no tienen colores en su corazón.-
Me gusta esa frase que dijo mi amigo del bloque vecino: no tienen colores en su corazón... A la hora de jugar hay que demostrar que uno no sólo sabe jugar al fútbol, tocar la pelota, sino también que quiere sudar la camiseta. Y eso pasa como en todo, como en la vida, en la familia, en el trabajo, como en el deporte. Tenemos que marcarnos nuestras propias metas, y trabajar para que nuestro triunfo personal sea reconocido, pero a la hora de la verdad, y cuando el resultado del partido no es el que pusimos en la quiniela, hay que dejar de chupar el balón y sudar la camiseta hasta el final. No nos conformemos con que los ojeadores nos valoren como un fichaje para el próximo verano, hay que bajar y defender, y si no queda más remedio cubrir uno de los palos de la portería...
Acabo de dar la vez, ya no soy el último...
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