Desde que he podido participar mucho más en las tradiciones de mi pueblo he podido conocer el Flamenco. Esa parte inmaterial de nuestra más profunda cultura, venerada por las almas más puras y a veces, vapuleada por las clases más sibaritas. Desde luego no puedo considerarme un entendido, ni siquiera aprendiz, tal vez un admirador del duende que tienen aquellos que son capaces de enamorar a las estrellas con su garganta durante un trozo de madrugada, pero sí tengo que reconocer que el Cante ha sido capaz de pegarme ese pellizco de sentimientos que raras veces la música puede producir. Ha sido muy grato el reconocimiento del Flamenco como patrimonio inmaterial de la Humanidad, galardón obtenido recientemente gracias al apoyo de todos, y espero que este premio sirva también para realizar el justo homenaje a aquellos hombres y mujeres que bebiendo de las fuentes de la tradición más pura han llenado plazas y teatros, con su alma abierta en "quejíos" volando por nuestras cabezas como pompas de jabón. Si Andalucía no tuviera ningún patrimonio irrepetible, sin duda, el Flamenco podría ocupar ese espacio.Conozcamos su profundidad cultural para que podamos conservarlo y promocionarlo como parte de nuestra alma andaluza orgullosos siempre de nuestra tradición más viva.
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