Quizás en una próxima reforma del código penal haya que definir el suicidio de un varón como aquel acto por el que el sujeto activo se quita la vida después de asesinar a su esposa o compañera, con la agravante de hacerlo en presencia de sus hijos y con la atenuante de que, a pesar de ocurrir casi a diario, no provoca alarma social. No es posible entender qué razones impulsan a un individuo a cometer la barbaridad de matar a alquien a quien ha amado, con la que ha compartido un proyecto de vida, con la que ha construido una familia, han tenido hijos, y la quería para toda la vida... Si los seres vivos del planeta tuvieran la oportunidad de definirnos, a los hombres, si es que no lo han hecho ya en un lenguaje más inteligente que el nuestro, sin duda, nos podrían describir a los varones como seres pobres de espíritu, cobardes, sin corazón, de escasa capacidad para aceptar las dificultades que la vida genera, y sobre todo, unos verdaderos animales. Si es verdad que existe vida inteligente en otro planeta ahora comprendo porque es tan difícil que tengamos un encuentro en la tercera fase: están completamente avergonzados de que existamos en este Universo...
Personalmente prefiero pensar de que se trata de una minoría con falta de sensibilidad y de sentimientos hacia las personas que forman ese núcleo familiar. Deseo creer que la mayoría apostamos por un mundo pensado en la igualdad de género y en dónde prima la justicia, la honra y la lealtad entre los seres humanos. Quizás nos sorprendan las noticias del día a día, pero todavía existen aquellas personas constantes, que no se mueven por intereses de ningún tipo y que creen en un proyecto capaz de cambiar esta sociedad hacía unos valores que puedan hacer que se desvanezcan estas minorías que no aportan nada bueno a la sociedad.
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