Hoy, tras un ajetreado día de reuniones y encuentros, he disfrutado de la ilusión que transmite un gran amigo que quiere ser Alcalde de su ciudad. Qué locura debe padecer un ser humano para embarcarse en una aventura de tal calibre cuando el más normal de los mortales opina que los políticos son unos indeseables. Quizás sea por corregir aquella deficiencia en su barrio que comentó por la mañana tomando el café en el bar de siempre. O fue acaso al bajar del autobús que le llevó al centro y que le inspiró una idea para mejorar el transporte público. Fuera como fuese mi amigo sigue empeñado en cambiar y en hacer cambiar todo lo que gira a su alrededor. Su obstinación es inquebrantable y por ello anda convenciendo a propios y a extraños que podemos transformar nuestra sociedad. Y si lleva razón, y devuelve la ilusión a todos los que lo rodean y se ponen a trabajar en la misma dirección. El bibliotecario ordenará los volúmenes conforme a las entradas grabadas en los anaqueles. El sacerdote perdonará los pecados previo arrepentimiento colectivo. El panadero elaborará el alimento diario de todas las mesas. Puede que llueva incluso pero ya no hará falta. Todos y cada uno cumpliremos con nuestro cometido. Y el orden volverá a funcionar. Mi amigo quiere ser alcalde de su ciudad, no solo para que vuelva a imperar el orden, sino también para que nosotros recuperemos nuestro papel, nuestro cometido, nuestra misión: ser ciudadanos...
El buen ciudadano, tiene que ser responsable, justo y solidario. Debe convivir con los demás y tener conciencia cívica. Debe ser consciente de sus derechos y de sus deberes. Debe de tener la valentía de reclamarlos y la valentía de cumplirlos. Debe tener responsabilidad colectiva y cooperar por construir un mundo más justo, entendiendo la justicia como el arte de conseguir lo bueno y lo justo. Y también, el buen ciudadano debe ser solidario.
ResponderEliminar"Educación para la ciudadanía"-Lección 5ª